jueves, 24 de marzo de 2016

Me sobran las historias

Se nos llena la boca con la frase "Los videojuegos son arte". Como un mantra la repetimos una y otra vez aquellos que buscamos un poco de reconocimiento o, al menos, menos miradas de desaprobación por emocionarnos con las andaduras de un conjunto de píxeles de forma humanoide. Muy bien, estoy de acuerdo con vosotros, los videojuegos son arte, pero este hecho tan solo me lleva a hacerme otra pregunta, una pregunta con una respuesta tan abstracta que es difícil de acotar, pero esto no lo hace menos importante, pues puede ser la prueba fehaciente de que no estamos desperdiciando nuestras vidas frente a una pantalla, si es que eso importa algo:

¿Qué hace a los videojuegos un arte?

Me imagino la respuesta, en la cara de los cuatro gatos que leáis esto. Sin darle muchas vueltas la propia pregunta invita a un respuesta muy sencilla, pero que en el fondo no es más que una trampa: la historia. Ahí es donde yo discrepo, decir que los videojuegos buenos son los que tienen buenas historias es una simplificación absurda de la gran cantidad de componentes que forman un videojuego. Al dar total prioridad a la historia a la hora de valorar un juego estás equiparándolo a un libro y, para lo bueno y para lo malo, los videojuegos no son literatura.

Pero esto no es problema de unos pocos, ni siquiera las grandes compañías parecen comprender este simple concepto. Hoy en día todos los videojuegos tienen que tener una historia, compuestas por las sumas de cientos de aburridas CGI que se entremezclan para crear una aberración cinematográfica que no le importa a nadie. Hoy en día parece que no podemos disfrutar de un juego de disparos sin que los idiotas de los desarrolladores nos bombardeen con su historia de mierda y nos digan lo bueno que es nuestro personaje por dejar libre al villano, después de haber exterminado a miles de hombres. Oye, que yo he venido aquí a disparar, no a que me muestres tu collage de tópicos extraídos de lo más profundo del cine de serie B.

Hay juegos que no necesitan historia. Es más, hay juegos en que su historia MOLESTA. Hay que saber lo que merece ser contado y lo que no lo merece. Un ejemplo muy notable de lo que digo es la saga CoD. Sí, voy a meterme con la historia del CoD, mi originalidad acaba de caer por los suelos, pero, a diferencia de lo que dicen los demás yo no diré que CoD necesita mejorar su historia, CoD necesita ELIMINARLA. ¿Os imagináis un CoD sin ninguna CGI, sin insulsas conversaciones en un Jeep, sin cuentos de honor y venganza? Podría ser hasta bueno, podría darnos de verdad lo que la saga lleva prometiendo tanto tiempo, y disfrutaríamos de lo que de verdad importa en el CoD, más allá de toda historia de mierda: acción sin más.

Lamentablemente eso nunca va a pasar, CoD ha muerto y tan solo quedan unas cenizas de lo que fue, pero aún hay esperanza. Existen juegos que, gracias a Dios, se dan cuenta de este problema y le ponen remedio.

Os recomiendo Sniper Elite v2. Un juego que consiste en emular a un francotirador en la 2ªGM con una historia (o más bien una excusa) muy simple: eres el bueno y ellos los malos. Ya está, dispara a gente. Es magnífico, ¿para qué queremos más? Con su jugabilidad sólida, su increíble kinestesia y sus espectaculares tiroteos tiene todo lo que podemos desear para disfrutar de un gran juego de guerra, sin que su historia nos arruine el ritmo de la partida.

¿Queréis algo más arcade? Sin problemas, ahí va Nuclear Throne. Un roguelike de acción, lleno de tiros, armas, ametralladoras cuádruples, lanza-misiles nucleares automáticos y cualquier cosa que pudieras imaginarte en las manos de Swarzeneger. Juegas, mueres y pulsas un botón para volver a jugar. Simple, efectivo y completo. Porque muchas veces no necesitamos más.

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